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¿Por qué la globalización falla?
Mark Weisbrot

               Entre los economistas, la más básica medida de cómo una economía esta funcionando es el crecimiento – esto es, el crecimiento en los ingresos por persona (growth of income, GDP). Los últimos 20 años de “rápida globalización” ha visto un drástico frenazo en esta medida fundamental del funcionamiento económico.

En Latinoamérica, el ingreso per capita creció en un 75% entre 1960 y 1980. En el periodo 1980-2000 creció alrededor del 7%. Estos números explican porque las revueltas populistas barren Sudamérica – en Argentina, Perú, Paraguay, Bolivia, Venezuela y otros lugares. A diferencia del FMI, el Banco Mundial y economistas aliados, la gente en la región sabe muy bien que el “ Consenso de Washington” ha robado a toda una generación de personas la oportunidad de mejorar sus niveles de vida.

En Africa, que creció en un modesto pero todavía, significativo 36% en el periodo 1960-1980, en las dos últimas décadas ha visto una disminución sin antecedente en los ingresos per capita, en torno al 15%. Por supuesto, algunos países en vías de desarrollo han realmente mejorado su crecimiento durante los últimos 20 años – mas notablemente China, que ha sido el país con más rápido crecimiento en la historia del mundo. Pero, incluso China, con sus 1.3 billones de personas, ponderado por su población- junto con todos los demás- muestran que el análisis de las últimas décadas es terrible. La tasa de crecimiento de los ingresos per capita para todos los países de ingresos bajos y medios combinados sobre los últimos 20 años es menos de la mitad de su tasa previa (1960-1980).

Este es el peor fracaso desde la Gran Depresión. Deja en muy mal lugar a los profesionales de la economía que son la vasta mayoría de los economistas, con muy pocas excepciones, como por ejemplo, el premio Nobel de Economía Josep Stiglitz, que han elegido ignorar este fracaso. Mas que esconder estos hechos por razones políticas e ideológicas – o temiendo dar apoyo a los calumniados o mal nombrados “movimiento antiglobalización” los economistas debería estar intentando ayudar a averiguar que ha ido mal.

Los últimos 20 años han visto también un significativo frenazo en el progreso de los más importantes indicadores sociales en la mayoría de los países de ingresos medios y bajos, esperanza de vida, mortalidad infantil y juvenil, educación y alfabetismo. Esto es lo que esperaríamos en un período agudo de reducción del crecimiento.

La señorita Diane Coyle (1) y sus coautores evitan estas desagradables comparaciones mirando al último medio siglo globalmente. Esto es como decir que los Estados Unidos creció de forma saludable desde 1920 a 1970 ignorando la Gran Depresión.

Ella avisa a los “políticos y defensores” que se reunirán en Johannesburgo el mes próximo observar la evidencia. Aquí, estaría de acuerdo. Cuando hacemos eso, encontramos el caso de los defensores a mucho mas fuerte que el que ha sido hecho por el Movimiento de Justicia Global porque el movimiento de protesta ha tendido a ignorar el asunto del crecimiento y se ha enfocado en su lugar en la distribución de los ingresos.

Esto es un error, porque el descenso en el crecimiento es responsable de mucha de la pobreza que vemos hoy, que los cambios en la distribución que podrían haber tenido lugar durante los últimos 20 años. En otras palabras, incluso si asumimos que no ha habido cambios en la distribución de ingresos y riqueza durante este periodo, tenemos algunos millones de personas viviendo en la pobreza que, hoy no serían pobres si sus economías hubieran crecido a las tasas que fueron sostenibles en el pasado.

La frase “globalización ha causado la extensión de la pobreza” es entonces, bastante razonable, si no podemos enseñar que los cambios estructurales y políticos asociados a la globalización en las dos últimas décadas no tienen nada que ver con el frenazo económico de esta era.

Hay muchas evidencias de que estos cambios estructurales y políticos has tenido que ver con el frenazo económico de esta era. La apertura para los flujos de capital global fue la causa principal de la crisis financiera asiática, por ejemplo. Las tasas de interés alto, forzadas por los mercados financieros globales o más directamente por el FMI y el Banco Mundial, han contribuido también substancialmente al frenazo en el crecimiento. Menos tenido en cuenta, pero bastante significativo, es el incremento en la reserva de acciones que los países en vías de desarrollo han tenido que cargar como consecuencia de la globalización, estos han quitado en todos los lugares de 0.4 a 0.2 puntos del porcentaje de su tasa de crecimiento.

Quizás más importante, el reemplazo de varias estrategias de desarrollo por la fórmula simple de abrir los mercados y los flujos de capital ( no mencionar el cumplimiento con la patente y los derechos de reproducción de los países ricos) ha hecho su mella. Ninguno de los países con ingresos más altos intento este experimento cuando eran países en desarrollo. Los Estados Unidos tuvieron una tarifa promedio en bienes manufacturados del 44% al final de 1913. Todavía durante mas de 20 años, ha sido prescrito por el FMI y el BM como la única ruta al crecimiento.

Sobre el papel de las instituciones globalizadoras más importantes, la señorita Coyle esta también equivocada. EL FMI (con el Banco Mundial como compañero subordinado) lleva un cartel de créditos que puede imponer muchas condiciones dañinas para los países en desarrollo. Este es un acuerdo informal que permite a estas instituciones cortar crédito de casi todas las fuentes, para cualquier gobierno que pudiera poner el interés de su propia gente por delante de estos acreedores, o los deseos de departamento del tesoro de EEUU. La brutalidad con la cual el FMI esta exprimiendo Argentina, en las profundidades de la peor depresión del país – y de la que el Fondo es en parte responsable- debería hacer esto dolorosamente claro.

El movimiento en todo el mundo contra estas instituciones continuará creciendo, no solo porque su autoridad es vista como ilegítima, sino porque sus políticas han, desde cualquier medida estándar, fallado miserablemente.

(1) Dyane Coyle es consultora en el “Enlightenment Economics” y coautora de “Dando sentido a la globalización: Una guía para los asuntos económicos".

Mark Weisbrot es Codirector del Centro para la Economía y la investigación política en Washington D.C. (Center for Economic and Policy Research)